viernes, 17 de noviembre de 2017

Frases obsoletas


Hay frases que ya no deberían decirse, pero que seguimos escuchando, tal vez más por costumbre que porque reflejen realmente la realidad. Una de estas frases es la de “El capitán se hunde con su barco”. Esta frase proviene, sin duda, de los tiempos antiguos en que l gente viajaba en barco y los capitanes eran gente honorable. Cuando había un accidente, tal como un choque con un arrecife, con otro barco o tal vez un ataque de piratas, el capitán organizaba la defensa y el rescate, y se aseguraba de que todos estén a salvo antes de abandonar el barco. Cuando esto no era posible, prefería no sobrevivir a la pérdida, antes de verse señalado el resto de su vida como el capitán que perdió su barco. Así se decía entonces cada vez que alguien a cargo permanecía en su puesto ante una posición desesperada o una causa perdida. Yo siempre oponía este dicho al otro que dice que las ratas son las primeras en abandonar el barco, hasta que llegaron los tiempos actuales, en que ya no sabemos quién es el capitán y quienes son las ratas. No tengo los datos históricos exactos, pero me parece que el último capitán que se quedó en el barco mientras se hundía fue el del Titanic. Y esa fue justamente la extinción del género. Ahora, los capitanes abandonan el barco sin pudor alguno a la primera señal de peligro, y más de uno ha demostrado tener más olfato que las ratas a la hora de anticipar el desastre. No quiero ponerme a hablar de política, pero hubo una vez en que el capitán dejó el mando del barco a las ratas mientras el barco se hundía, lo cual hubiera sido cómico si no fuera porque los pasajeros éramos todos nosotros. Y esta es historia cierta, no importa en qué país me estén leyendo.

Hablando de frases obsoletas, hace años, en los barrios populares, cuando se dudaba de la integridad de alguien, la frase que se escuchaba siempre era “Yo soy pobre, pero honrado”, o el plural de “Aquí somos pobres, pero honrados”. Es que siempre se pensaba que los pobres eran los que cometían los delitos, y que la “gente honorable” eran los de la clase media para arriba. Ahora los tiempos han cambiado y los delitos se han democratizado, si es que no fue así desde el comienzo, y son los ricos a los que vemos cargar con todo lo que pueden, sin importar la decencia y las buenas costumbres. Son ahora los ricos los que deberían defenderse del prejuicio de clase diciendo: “Soy rico, pero honrado”.

Una última, aunque no venga tan a cuento. Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras. Hagamos un poco de matemáticas. Si yo veo un video a velocidad normal, es decir, a 24 imágenes por segundo, me vale más que 24,000 palabras. Esto significa que en una película de 90 minutos, o sea 5,400 segundos, lo que he visto vale más que 5,400,000 palabras. Esto es más de las que tiene la Biblia, solo por poner un ejemplo. Sin embargo, al ver una película no me siento más culto por haber leído tanto. Por lo tanto, esta frase también deberíamos considerarla como obsoleta. Y ni siquiera he hecho la distinción sobre si la película está en HD o 4K, lo que sin duda debería valer más de 1,000 palabras por cada imagen.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Cuando era izquierdista


Una de las ideas que he tenido siempre, y que ha gobernado mi vida, es la de que el hombre nace izquierdista, y la vida lo va derechizando. Desde que estaba en la escuela primaria, siempre había alguien tratando de adoctrinarme sobre la lucha de clases, el glorioso socialismo o el antiimperialismo. Aunque estaba de acuerdo con muchas de esas ideas, nunca llegué a pasar de ser un izquierdista tibio, siempre había algo que no me cuadraba en esas ideologías. Cuando llegué a la universidad, ya la cosas estaban cambiando. La perestroika nos decía que dentro del socialismo las cosas no eran color de rosa, y podía discrepar abiertamente con amigos que profesaban un comunismo cavernícola. Fueron ellos los que iniciaron mi camino al liberalismo económico, cuando negaban las contradicciones de su pensamiento, que para mí eran tan claras. Por qué, si el socialismo es tan bueno, tanta gente arriesga la vida para escapar y nadie huye de un país capitalista hacia uno socialista, por qué un universitario me hablaba de una dictadura del proletariado que en donde no habría lugar para los universitarios, porque allí un graduado valdría lo mismo que un obrero. 

Recuerdo que en esas discusiones era tachado de burgués, con la pasión de quien cree hacerme un insulto terrible. Yo no sabía entonces muy bien lo que significaba esa palabra, y pronto me dieron explicaciones detalladas sobre cómo los pequeños burgueses vivían un mundo de comodidades a espaldas del pueblo. Esas explicaciones cambiaron mi rumbo. Mi aspiración fue desde entonces convertirme en un burgués. Soñaba con tener una hermosa casa y salir en un auto nuevo por las calles, mientras todos los comunistas me gritaban improperios desde sus ropas desgastadas y harapientas.

Afortunadamente, para entonces ya había llegado la Generación X. Ese movimiento sin ideología se convirtió en mi ideología, y de pronto me vi colaborando para desterrar la política de la vida universitaria. Así fui testigo de la primera vez en la historia universitaria en que hubo elecciones estudiantiles sin una lista afiliada a algún movimiento político. Mi camino hacia la derecha estaba ya marcado.

En el mundo real fuera del claustro universitario, tuve la suficiente percepción para ver cómo el capitalismo nos tendía trampas para abandonar el izquierdismo. El pago de los primeros sueldos y las responsabilidades familiares lo vuelven a uno capitalista. Por primera vez podía comprar cosas que yo quería, y no sólo aquellas que necesitaba. Por su parte, aquellos amigos que un día quisieron hacer la revolución mundial, poco a poco se limitaban a querer cambiar al país, para terminar queriendo solamente poder vivir tranquilo con su familia, con el único consuelo de estar lo suficientemente tranquilos para poder criticar al gobierno.

Con el tiempo, hasta el socialismo pasó de moda. Los que hoy se llaman a sí mismos “socialistas” o “izquierdistas” ya no son ni la sombra de los que yo llegué a conocer, aquellos que al escucharlos hablar parecía que al día siguiente abandonarían todo y se irían a la selva a iniciar la revolución. Pero el mercantilismo liberal tampoco es lo que nos prometieron que sería, no es por lo que creímos luchar. Al final, he vuelto a no creer en nada, he vuelto a ser un Generación X en medio de los millennials. Pero por alguna razón ya no puedo volver a ser un izquierdista, y me tengo que conformar con ser un liberal ortodoxo con unas pocas opiniones de izquierda.

Es que, como dije al principio, el hombre nace izquierdista y la vida lo va derechizando.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Frases twitteables 45


Mirando el número del título, me pongo a sacar cuentas y me he dado cuenta de que debo haber publicado alrededor de 1000 frases twitteables en 45 posts. Esto sería motivo para enorgullecerse, si no fuera por el hecho de que hace tiempo que la inspiración no me hace el favor de poner más frases en mi twitter. Así ando. Y hasta que la musa twittera se le ocurra darse una vuelta por aquí, me conformo recordando las últimas frases que mi pobre cerebro pudo inventar.
  • El amor es ciego. – No es cierto, el amor es sordo - me corrigió el invidente.
  • Todo es según el color del cristal con que se mire. - No es cierto, depende del tono en que se escuche - Me corrigió el ciego.
  • Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana, decía. Ahora está preso por entrar a robar en una casa.
  • Si todos los caminos llevan a Roma, tengo miedo de llegar allá y luego no poder salir.
  • ¿Nunca te ha tocado ser el monstruo bajo la cama de alguien?
  • Curioso que aquellos que se dan cuenta de que ya no son niños son los que empiezan a portarse como niños.
  • ¿Será verdad que los que tocan instrumentos en el transporte público los echaron de sus casas para que hagan escándalo en otra parte?
  • La verdad es que nos creó Hánuman, el Dios Mono, evolucionamos, nos convertimos en humanos y creamos un Dios a nuestra imagen y semejanza.
  • Clapton is God. Entonces escucharlo durante Semana Santa es religiosamente correcto.
  • Qué mala nos parece la poesía que no está dedicada a nosotros.
  • La tristeza de entender que aquel que nos dice que no cree en el futuro es porque alguna vez creyó en el futuro.
  • No recuerdo si el ángel que me habla lo hace desde la izquierda o la derecha. Tampoco recuerdo cuál es mi izquierda o mi derecha.
  • ¿Qué haces? - Aquí, matando el tiempo. - Muy bien, ahora me toca a mí - Le respondió el Tiempo.
  • Madurar es aceptar que hay canciones que jamás van a gustarte.
  • La gente se divide en dos, aunque a veces en tres o cuatro, me explicaba el destripador.
  • ¿Cómo es eso de que eres el empleado del mes? - Es que cada mes despiden a uno y contratan a otro.
  • Lo que no te mata... Déjamelo a mí, que yo sí cumplo.
  • Le clavé un cuchillo y le arranqué el corazón. Ella tenía razón, yo ya no estaba allí.
  • Nunca falta un millennial que me hace recordar que soy de la generación X.
  • La pregunta que jamás he sabido responder es: ¿Qué se siente ser tú?

domingo, 15 de octubre de 2017

Escribiendo con la izquierda


Hace un tiempo fue el día de los zurdos. Como me ocurre todos los años, yo no me he enterado hasta que alguien que lo vio en internet me lo recordó. Y como siempre, no sé qué sentir al respecto, ya nunca he considerado mi condición de zurdo como algo que deba ser reconocido y celebrado. Y no es que me sienta diferente por el hecho de usar “la otra mano”, sino porque me parece que tengo muchas cosas más por las cuales ser recordado. Cuando me abandona la modestia, pienso que no es nada fácil encontrar a un ingeniero que pueda hablar con soltura de literatura, música, cine, historia y todas las cosas que saco a relucir cuando el momento es apropiado. Además, para mi, ser zurdo no ha sido nunca una sensación solitaria, siempre he encontrado compañeros de estudios, amigos, y colaboradores zurdos. No hay sitio en el que haya estado como único zurdo.

Y ser zurdo para mí es algo tan natural que no caigo en la cuenta de ello. Son las demás personas las que se sorprenden, se maravillan y empiezan a difundir a los cuatro vientos qué hay un zurdo en la habitación. Es entonces cuando tengo que responder preguntas hechas con mucho, poco o ningún tacto:
- ¿Eres zurdo?
- ¿Cómo se siente ser zurdo?
- ¿Puedes escribir con la derecha?
- ¿Sabes que dicen que los zurdos son más creativos?

Así que tengo que responder o inventar datos o anécdotas sobre la difícil vida de un zurdo que vive en un mundo al revés. Es por esto que escribo estas líneas, con la intención de imprimirlas y repartirlas como volantes la próxima vez que alguien me señale como fenómeno de circo.

En principio, debo decir que hay varios tipos de zurdos, no todos somos iguales. Yo los reconozco por varios detalles, como la forma de escribir. El que agarra el lápiz como si fuera un puñal y escribe con la hoja perpendicular a la mesa, es generalmente es un zurdo ultraizquierdista, que tiene todo el lado derecho inútil, incapaz de usar la derecha para nada. Es este un tipo que no quiero juzgar, porque estoy seguro que existen muchos derechos que podrían perder la mano izquierda y no se darían cuenta, y que pasan desapercibidos porque nadie les pide que escriban con la otra mano, como a nosotros. Hay otros zurdos que pueden hacer algunas cosas con la derecha, ya sea por talento o por presión social. Yo pertenezco a esta categoría. Me han contado, y recuerdo vagamente, que cuando aprendí a escribir o a usar cubiertos, lo hacía con las dos manos indistintamente, y aún después, cuando empecé a jugar tenis de mesa también lo hacía con las dos manos hasta que me decantaba por el uso de la mano izquierda. Ese es uno de las pocas cosas que me hacen sentir especial, el que yo pude, si hubiera querido, ser ambidiestro, y en que soy zurdo por propia elección.

¿Son los zurdos más inteligentes que el resto de las personas? Cuando me hacen este tipo de preguntas, siento que efectivamente, soy más inteligente que el que me hace la pregunta. Pero, yo que he conocido a muchos zurdos, me pesa decir que como con los diestros, los hay inteligentes y también los que son definitivamente tontos. El ser zurdo no es garantía de imaginación o creatividad desbordantes. Tal vez incluso yo me he vuelto imaginativo y creativo por culpa de los diestros, que siempre esperan de mí una idea brillante sólo porque soy zurdo.

Otro tema tópico es el de los zurdos famosos. Los nombres de Charles Chaplin, Leonardo da Vinci (que en realidad no era zurdo sino ambidiestro), Maradona, y algunos más son los que me dice la gente, con el candor de quien cree darme la gran novedad. Yo personalmente, acepto la admiración por Paul McCartney, y el placer de tener algo en común con Scarlett Johanson. Como en todo, hay de todo, y tengo que justificar que Vladimir Putin, George Bush y Osama Bin Laden también escribían con la izquierda.

¿Y los problemas al utilizar herramientas? Aquí si he tenido mi porción de problemas. No tanto al escribir, porque he aprendido a hacerlo sin mancharme mucho de tinta, ni al usar cuchillos, pero si con otros artefactos, como los teléfonos fijos. Pocos saben que los teléfonos están diseñados para diestros que cogen el auricular con la mano izquierda y teclean o escriben con la derecha. Otro problema que tengo es que hasta hoy, y con toda mi experiencia como ingeniero, nunca sé hacia dónde dar vuelta un destornillador para aflojar un tornillo. Al menos una de las pocas cosas que me quedan de mi pasado ambidiestro es poder manejar las tijeras con cualquier mano.

Como se ve, para un zurdo, al menos para este zurdo, las cosas no son ni tan difíciles ni tan color de rosa como cree la gente. Y tal vez por eso es que no soy de la izquierda militante, de esos que quieren que todos se enteren qué hay un zurdo presente.

Saludos desde la izquierda.

jueves, 5 de octubre de 2017

Mi nombre famoso



Hoy me he despertado con ansias de posteridad, con ganas de hacer mi nombre inmortal. Más de uno pensará seguramente que hoy día es muy fácil ser famoso, que para eso existen hoy los videos virales, los memes, los reality shows y los chismes del espectáculo, que en estos tiempos ya no tiene chiste ser famoso, pero eso no es cierto. La fama que obtienen los personajes de internet viven una fama instantánea, quince minutos de fama que se van tan rápido como llegan. ¿Quién recuerda hoy a los que fueron famosos tan solo el año pasado? No, mi fama debe perdurar por siempre, esa fama que traspasa los periódicos y llega a los libros de historia. Aunque en la mayoría de los libros de historia se encuentra gente que llegó allí convirtiéndose en héroe, proceso que implica la muerte en el común de los casos. Hay mejores maneras de eternizar mi nombre. Y no es tan difícil, según veo al investigar un poco y encontrar que muchas de las cosas que vemos en nuestra vida diaria llevan el nombre de su creador. Por ejemplo ¿saben quién inventó el turrón? Pues un barcelonés llamado Turró. ¿Quién inventó el condón? El doctor Condom. Los nombres están allí, clavados en la posteridad. Lo mismo se puede decir del saxofón, inventado por Sax, y de los taxis, que fueron inventados por el príncipe Von Thurm und Taxis.

Leyendo un poco más, encuentro que los griegos antiguos tuvieron más suerte en dejar su nombre dentro del uso diario del idioma. Encuentro a Anfitrión, griego que daba tan buenas fiestas en la antigüedad, que ahora se llama así al dueño de casa en cualquier evento; también a Mentor, que era el maestro del hijo de Ulises. Los antiguos romanos no se quedaron muy atrás y nos dejaron personajes como Mecenas, Tácito y Severo.

Tal vez tenga el ingenio suficiente para inventar un movimiento, como Schubert Gambetta, quien inventó la gambeta, o aquellos que le dieron su nombre a la maniobra Heimlich o la llave Nelson. Tal vez tenga que descubrir algo para darle mi nombre, como Dahl, que difundió la Dalia en Europa.

Por otro lado, hay famosos desconocidos. Mi investigación encontró que Kame Hame Ha no es en realidad ese golpe que asesta Gokú a sus más poderosos enemigos en la serie Dragón Ball, sino un personaje real, que fue el unificador y primer rey de las islas Hawaii.

Pero así como estoy, creo que es más probable que mi nombre acabe usándose para designar una enfermedad, y termine junto a Alzheimer o Tourette. ¿Verdad que daría mucho miedo padecer del “Síndrome del Tonto de la Colina?

martes, 26 de septiembre de 2017

La historia del Rey Midas


En el tiempo en que los dioses aún se dejaban ver por la gente, vivía Midas. Era este un joven pastor que sobrellevaba su pobreza con dificultades, y que soñaba con el golpe de suerte que le diera la riqueza y la felicidad. Un día llegó al pueblo diciendo que los dioses habían concedido su deseo. La gente que le conocía no le hizo mayor caso, pensando que era esta una nueva manera de llamar la atención, acostumbrados a los falsos ciegos y a aquellos que contaban historias fantásticas a cambio de alguna moneda.

Cansado de gritar sin que nadie le prestara atención, tocó con sus manos un vellocino de oveja de un pastor que pasaba y lo convirtió en oro. En pocos minutos ya había una muchedumbre contemplando el prodigio. Midas trató de empezar a contar la extraña historia de cómo un dios le concedió el poder de convertir en oro todo lo que tocara. Pero nadie parecía querer escuchar el relato, todos se agolpaban exigiendo nuevas demostraciones del maravilloso don.

Al atardecer, todo el pueblo estaba en la plaza, festejando a Midas. Los ancianos sabios decretaron que ese poder lo hacía acreedor al título de rey. A la mañana siguiente, ya estaba Midas instalado en el palacio con una corona en la sien. Su responsabilidad real, le explicaron, era compartir sus dones con su pueblo convirtiendo en oro las posesiones de sus habitantes. Con ese oro, decían, incluso ese pobre pueblo podría convertirse en una potencia y conquistar a toda Grecia.

Esa mañana aparecieron los parientes de Midas: tíos, primos y toda clase de parientes que jamás había visto llegaron para reclamar derechos familiares cargando toda clase de objetos que Midas no se negaría – decían – a convertir en oro. También llegaron viejos amigos, vecinos y antiguos amores que Midas no lograba recordar a pesar de todos sus esfuerzos. Asesorado por los sabios, Midas los despidió sin recibirlos. Amigos y parientes rechazados se unieron para decir a quien pudiera escucharlos que los dioses habían cometido un error dando dones a quien no lo merecía, que Midas se había corrompido por su nuevo poder, y que tal vez esos eran poderes malignos que condenarían al pueblo con su riqueza maldita.

Eran tantas las emociones recibidas en tan poco tiempo, que Midas no podía detenerse a pensar. Por todos lados y en todo momento aparecía alguien queriendo ofrecer un objeto que transformar, gente que quería aconsejarlo a cambio de la riqueza que a él tan poco le costaba, sin dejarlo siquiera un instante a solas y en calma.

Así llegó el mediodía y unos criados que no conocía le anunciaron que debía estar en el gran banquete en su honor que daría a todo el pueblo. Midas se vio arrastrado a una enorme mesa llena de gente, con todos esperando que pruebe el primer bocado para iniciar el banquete. Midas cogió un pedazo de carne y vio con horror cómo se convertía en oro antes de llegar a su boca. El líquido de una copa se solidificaba en sus labios, los alimentos se tornaban duros e incomibles, pero nadie parecía darse cuenta, todos comían, festejaban y tomaban cuanto Midas tocaba, celebrando la riqueza y haciendo planes de conquista amparados en el nuevo poder económico.

Midas trató de llamar la atención del pueblo, y pedir ayuda para solucionar el problema de su alimentación, pero nadie lo dejaba hablar, los sabios decían que era un problema menor, y que podrían ocupase de eso después, ya que habían asuntos de mayor importancia. El rey, le dijeron, debía escoger una esposa que lo acompañe, quien le dé una descendencia que tal vez pudiera heredar el áureo don, y que al final heredaría sus riquezas a su muerte. Al instante se presentaron las más bellas hijas de las mejores familias del pueblo esperando la real elección. Por un momento Midas olvidó el hambre y la sed, y maravillado escogió una de ellas, la más hermosa mujer que había visto en su vida. Ven conmigo, le dijo tomándola de la mano. Todo el pueblo vio entonces horrorizado a la muchacha convertirse en una estatua dorada. El rey quiso decretar en ese instante que toda persona se aleje al menos cuatro pasos de él, y que se conserve en palacio la estatua, como recordatorio de lo peligroso de su poder. La primera orden no fue necesaria, ya todos se habían alejado diez pasos, y la segunda orden fue desoída inmediatamente, cuando la familia de la muchacha se llevó la estatua diciendo que el oro calmaría la pena de la pérdida.

Confundido y asustado, Midas vio a todos los del pueblo formar una muralla frente a él, el más viejo de los ancianos le explicó lo peligroso de su don, y que por su propia seguridad y la de todo el pueblo, se le encerraría en un calabozo cargado de cadenas, con solo el consejo del reino autorizado a darle los objetos que debía convertir en oro.

Lo único que pensaba Midas era en lo feliz que había sido siendo un pobre pastor, que podía al menos comer su mísera comida. Avanzó sin importarle nada hacia el bosque buscando a su rebaño abandonado, dejando en el camino unas cuantas estatuas de oro, alguna columna y varios árboles de oro. Nadie se atrevió a seguir las huellas doradas que iba dejando.

Aunque nadie volvió a ver jamás al rey Midas, y aunque se aceptó en ese tiempo que murió de hambre y sed al no poder alimentarse, todavía se dice en el pueblo que pudo recuperar la normalidad, pero vivió escondido el resto de su vida. Durante mucho tiempo se encontraron pepitas de oro en el río donde llevaba su rebaño de ovejas, y hay aún quien afirma haber encontrado un vellocino de oro en lo profundo del bosque.

Cuentan desde entonces que fue el rey Midas el primero que dijo que la riqueza no da la felicidad.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Libros para una isla desierta


He aquí una pregunta que todo el mundo ha escuchado ¿Qué libros te llevarías a una isla desierta? Es una pregunta antigua, así que no la podemos calificar como meme. Yo imagino que esa pregunta la inventó la policía en los tiempos en que se acostumbraban las islas prisión y a los presos había que mantenerlos entretenidos para que no pasen el tiempo cavando túneles con cucharitas. No es tampoco una pregunta con truco, ni una adivinanza, porque no hay una respuesta correcta. Ni siquiera es una pregunta filosófica, que lleve a los filósofos a una larga disertación que termine hablando de Dios. Es simplemente, una pregunta irreal, porque la gente no va a leer a una isla. No me imagino a un crucero con una biblioteca realmente surtida en caso de naufragio, tal vez porque nunca he subido a uno.

Lo que a  la gente le interesa es la lista que el interrogado es capaz de producir, para ver si ese alguien es tan culto como nosotros o si, por el contrario, sólo puede mencionar las tonterías de moda. Esto me lleva a pensar también que la famosa pregunta es una suerte de test de inteligencia para dummies, una forma de ver si piensa igual que nosotros, y darnos la oportunidad de sacar a relucir nuestra cultura y reclamar por qué no ha incluido los libros que a mi me gustan.

Afortunadamente, nadie me ha hecho nunca esta pregunta, aunque sí he respondido a las variantes que preguntan sobre las películas o discos apropiados para una isla desierta. Pero como lo que interesa ahora son los libros, me he puesto a pensar sobre el tema.

Supongo que cada uno tiene sus necesidades personales que influirán en la lista. Algunos, pensando en que los van a dejar solos en una isla, elegirán literatura pornográfica para matar el rato, como quien dice. Otros, con ese razonamiento que vemos en los certámenes de belleza, elegirán nombres de autores famosos como si fueran títulos de libros. Algunos, me temo, se sentirán más que tranquilos con libros para colorear. ¿Y qué es lo que elegiría alguien como yo? Veamos.

En primer lugar, el chiste es que tienen que ser libros, no se vale kindle ni iPads, por muy provistos de libros que estén, ya que supuestamente no vamos a encontrar un enchufe en una isla desierta para conectar el cargador. Aquí tendría que preguntar de qué tamaño es la isla desierta en la que me piensan abandonar ¿Tiene palmeras o algo que haga sombras? Si no es así, conviene llevar un libro grande que me sirva de parasol. Los libros de gran dimensión tienen además la ventaja de tener letras grandes, lo que será muy útil para seguir leyendo aún si una tormenta abate mi isla.

En una isla desierta no encontraré comodidades, así que tal vez sea una buena idea llevar algún libro que pueda quemar para hacer una buena fogata. Ya se me están ocurriendo varios autores de libros de autoayuda que parecen a propósito para este fin.

Otra pregunta que haría sería cuánto tiempo me piensan dejar en dicha isla. Si la estadía es corta, bastarán algunos cómics o una antología de chistes de náufragos. Si por el contrario, piensan dejarme y olvidarse de mí (lo que suena más probable), hay varios libros de longitud intimidante que siempre dejo para después cuando tenga tiempo. Balzac, Tolstoi o esa edición crítica de El Quijote vienen a mi mente. Se me ocurre ahora un detalle. La lectura no debe ser muy absorbente, no vaya a ser que pase un barco y no me dé cuenta por estar leyendo.

Pero si me pongo a pensar que la mía será una estadía larga debería llevar libros que me ayuden a sobrellevar el trance, algo así como “Robinson Crusoe” o “El señor de las moscas”. Aunque sería mejor todavía el libro de cocina de las 100 recetas de algas y cangrejos, el que enseña a hacer manualidades con cocos, o "Construcción de balsas para Dummies".

Si me dejan tranquilo el tiempo suficiente en una isla desierta, puedo emprender la tarea de encontrar los mensajes ocultos en algunos de los libros más conocidos, como “Alicia en el País de las Maravillas” o “Ulises”, que tengo para mí que es una broma descomunal que nos quiso jugar Joyce. Vamos, con bastante tiempo, incluso puedo descifrar el manuscrito de Voynich, las centurias de Nostradamus y un par de palimpsestos de yapa.

La última pregunta, que debió ser la primera, es si se vale llevar libros que uno ya ha leído, o debo indicar libros que me falta por leer. Lo lógico sería lo segundo, aunque a mí no me molestaría releer algunos que no visito hace tiempo.

Ya decidida mi lista de libros, me pongo mis pantalones cortos, gorro y anteojos de sol, y mi paquete de libros para emprender viaje a aquella isla. Por desgracia, ninguna agencia de viajes me ofrece un tour con naufragio incluido. Para qué preguntan si no van a cumplir, pues.
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